Rafael Rodríguez: "Proyecto B pasó de ser una buena idea a un proyecto sólido de alcance nacional."

Entrevistamos a Rafael Rodríguez (32), creador de la fundación Proyecto B y jefe de programas de la fundación San Carlos de Maipo desde el 2015, quien nos dio su testimonio de cómo dedicó su carrera a la vocación social, luego de salir de psicología de la Universidad Católica.
Testimonio de Rafael Rodríguez.
La fundación Proyecto B nace el año 2010, luego de entrar al Servicio Nacional de Menores con infractores de ley, donde me di cuenta que no existían alternativas de re inserción en la línea del trabajo. Los jóvenes recibían atención donde se hacía un análisis de sus fortalezas y debilidades, para luego derivarlos a la red comunitaria o de servicios públicos locales que estuvieran a la mano. Pero no había ningún programa especializado en temas laborales, y a mi juicio, sin trabajo es muy difícil lograr que alguien deje de cometer delitos porque tiene que generar ingresos de alguna manera.
Si bien existían las redes laborales de las municipalidades, no funcionaban con un público tan complejo como los jóvenes que habían cometido delitos. El 50% de estos jóvenes eran mayores de 18 años y estaban cumpliendo condena en SENAME, por lo que hacía pleno sentido poder ofrecer un programa para mayores de 18 años especializado en habilidades socio laborales y en competencias técnicas para que pudieran comenzar a trabajar. Para las empresas sensibilizadas con la temática, también era un gran desafío aprender a trabajar con este grupo de jóvenes, muy distintos al grupo de trabajadores con que ellos trabajan de manera regular.
Esa fue la idea original y el proyecto comenzó a funcionar.  Logramos conseguir tanto jóvenes que creyeran en esta idea, como empresas que estuvieran dispuestas a contratar a personas que habían cometido delitos. Lo que era, en su momento, un cambio cultural dentro de las empresas que en general estaban acostumbradas a pedir antecedentes penales para NO contratar a alguien.  Obviamente, ahí se tuvo que hacer un trabajo con los mismos equipos de las empresas para que pudieran entender que no se trataba de premiar a alguien que comete un delito, sino intervenir para poder cerrar la puerta giratoria y disminuir la comisión de delitos de una manera distinta (no con castigo).
Nos fue muy bien y el proyecto empezó a crecer. En el camino me di cuenta que no tenías las competencias para poder administrar una organización. En un principio, consideré que necesitaba a un ingeniero comercial y a una periodista como ejes estratégicos para esta organización y me asocié con dos amigos, pero al corto andar me quedé solo, y me di cuenta que para que las cosas funcionen uno tiene que depender de uno mismo. Fue entonces cuando decidí estudiar el MBA.
Comencé el MBA el año 2011 sin tener la más mínima idea de lo que significaba administrar, y gracias a éste logré desarrollar las competencias necesarias para poder dirigir una organización en sus distintos niveles. Tanto así, que la fundación Proyecto B pasó de ser una buena idea a un proyecto sólido apoyado por el gobierno, con un programa de alcance nacional. Hoy en día, el Proyecto B es una política pública desde Arica a Punta Arenas con sustentabilidad económica, financiado en un 70% por el Servicio Nacional de Menores.
Lo que ha logrado Proyecto B hasta la fecha es emplear a más de 500 jóvenes y capacitar a más de la mitad de ellos, haber convencido a más de 80 empresas de contratar a personas con antecedentes penales. Haber incidido en la modificación de trabas administrativas y legales que hacían más difícil la contratación de personas que han cometido delitos, y ser un referente dentro del pequeño mundo de la reinserción social.
En el 2015, uno de los antiguos financistas de Proyecto B, la fundación San Carlos de Maipo, me ofreció hacerme cargo de la reinserción social de la fundación San Carlos de Maipo, además de diseñar un programa de fortalecimiento de organizaciones chicas o medianas para su desarrollo y financiamiento.
La fundación San Carlos de Maipo nace de la Sociedad de Canalistas del Maipo, una de las asociaciones de regantes más grandes de la región metropolitana, con la misión de desarrollar una infancia saludable en la región metropolitana a través del trabajo comunitario y de la implementación de programas o estrategias sociales basadas en evidencias (programas que han demostrado tener resultados).
El público que atendemos es de 0 a 18 años con programas que abordan la protección y prevención para disminuir las conductas de riesgo tales como violencia, delincuencia, consumo de drogas, deserción escolar y conductas sexuales de riesgo; pero no atacando la conducta en sí, si no que a los factores que la generarían.  Por ejemplo, no contamos con programas que atiendan a víctimas de violencia intrafamilar, pero sí trabajamos con programas que previenen la violencia intrafamiliar; no trabajamos con tratamientos de drogadicción, pero sí previniendo el consumo.
Existen 4 maneras de trabajar sobre los factores de riesgo y protección: A nivel comunitario, donde la comunidad se involucra en el abordaje de ciertos factores de riesgo; a través de la familia, donde trabajamos con habilidades parentales para que los papás sepan cómo tratar a sus hijos adolescentes y disminuir el consumo de drogas, conductas sexuales y otros problemas conductuales; a través de la escuela, donde trabajamos en el desarrollo socio emocional de los niños para disminuir la depresión, angustia, bulling y otros trastornos de conductas; y desde los pares o individuos,  donde trabajaremos con el programa BAM (Becoming a Man), para que los niños hombres (con ciertas características) sepan qué es convertirse en un hombre, y que generen una imagen ideal de ellos mismos de grande, alejada de delitos, drogas, violencia, etc.
Además trabajamos apoyando la administración, la calidad de operación y el rediseño y evaluación de programas de cerca de 15 organizaciones, para que sean fundaciones que se puedan sostener en el tiempo, que cumplan con todos los temas legales, que se organicen bien, que tengan accountability, y que los directorios tengan estándares altos de governance y compliance.

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