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Columna de Rodrigo Harrison y Javier Domínguez: “Donación cruzada entre personas vivas”.

 

Cada cierto tiempo -y habitualmente motivado por un caso trágico- reaparece en Chile la discusión sobre las causas de la enorme escasez de donantes de órganos para trasplante, y no es raro entonces que surjan voces que pretenden solucionarlo todo con cambios a la ley.

El tema de donación es complejo, y cada una de sus aristas merece una discusión técnica y precisa sobre sus alcances. La actividad de trasplante ha dejado de ser hace mucho tiempo algo experimental, y está claro que mejora la calidad y cantidad de vida de muchas personas. Más aún, como demostramos en un estudio realizado por nuestro grupo de investigación, es también altamente rentable para el Estado. En efecto, por cada trasplante renal, el procedimiento más frecuente, el Estado puede evitarse más de $60 millones en costos de tratamientos alternativos (diálisis).

Actualmente se está discutiendo en el Congreso una modificación a la Ley de trasplantes, en relación con permitir la donación cruzada de órganos, por lo que debemos aprovechar esta oportunidad para hacer cambios que realmente impacten positivamente en la vida de quienes esperan un trasplante.

La donación cruzada consiste en que si la persona que necesita el trasplante renal tiene un donante vivo que por alguna razón no es compatible, podrá intercambiar su donante con otra persona que esté en la misma condición; es decir, que también tenga un donante vivo no compatible.

Creemos que esta medida es un avance para mejorar las posibilidades de trasplante de un número significativo de pacientes.

En efecto, de acuerdo a estudios que hemos realizado, basados en la realidad chilena, utilizando diferentes sistemas de intercambio se puede aumentar el número de trasplantes con donante vivo en más de un 10%. Sin embargo, para ello se deben contemplar mecanismos más flexibles, ya usados en muchos países, que no están hoy día en discusión en la ley; como por ejemplo, las “cadenas” y “ciclos” de trasplantes.

Adicionalmente, y para el mejor funcionamiento de la cadenas de trasplantes, también es necesaria la creación legal de la figura del “donante altruista”, persona sana que voluntariamente y sin recibir nada a cambio dona uno de sus riñones en forma no dirigida a la persona que más se pudiera beneficiar.

Ya sea en una cadena o ciclo de trasplante, en vez de restringir el intercambio entre dos parejas, tal como lo contempla el actual proyecto de ley, se pueden realizar múltiples intercambios, mayoritariamente secuenciales, evitando así una serie de problemas de incentivos e implementación de las cirugías.

Dentro de la misma línea, la actual ley de donantes restringe la donación a familiares cercanos y cónyuges o convivientes. La pregunta es ¿por qué no permitir la donación de un amigo, que muchas veces es alguien más cercano al donante que un primo lejano? La razón detrás de esta restricción ha sido el riesgo de comercio de órganos. Sin embargo, en nuestro país hasta hace seis años la ley permitía este tipo de donación y no hubo denuncias por tráfico de órganos en todo ese período.

Discutir estos temas nos pone en la dirección correcta, pero no garantiza el avance. Es fundamental para implementar estas medidas que se diseñe una adecuada institucionalidad, a la cual los centros de trasplantes se adhieran y reporten su actividad. De este modo se pueden lograr un alto grado de eficiencia y la necesaria fiscalización para asegurar que el desarrollo de Chile llegue también a la actividad de donación de órganos y trasplantes.

Fuente: El Mercurio