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¿Cuáles son las recomendaciones para ser feliz? La profesora Nuria Pedrals nos da la clave para ser feliz.

Tras una decisión de la ONU, el 20 de marzo se celebra el día internacional de la felicidad, fecha que busca fomentar el buen ánimo, el optimismo y las emociones positivas entre las personas.
En una entrevista de hace un tiempo con CNN, la profesora de la Escuela de Administración, Nuria Pedrals habló acerca de Cuáles son las recomendaciones para ser feliz.
“Lo que han visto los científicos es que cuando tu estás feliz o cuando tu tienes emociones positivas, estás en tu máximo potencial. Hay una serie de investigaciones que concluyen que las personas que transitan por la vida con una actitud de emociones positivas son más sanas, tienen mejores relaciones interpersonales, les va mejor en el trabajo, en el colegio, etc. Una de las teorías habla de que nuestro cerebro se “amplía” cuando somos felices, aumentando la posibilidad de aprender y de ser creativos. Es por eso que hoy día se ha instalado la felicidad como un estudio científico. Es como traer a la ciencia el mejor potencial de los seres humanos.
¿Qué determina la felicidad? 
Un 50% de la felicidad está determinada por la carga genética, lo que no significa que no sea modificable. Hoy en día se sabe que nuestro cerebro se modifica en base a nuestra conducta, lo que se conoce como neuro plasticidad; por lo tanto, uno puede haber nacido con un componente genético “cargado” a la tristeza, o vivir en un ambiente más hostil, pero lo más importante es la voluntad y qué hábitos diarios instalas tú en tu vida para ser más feliz.
La felicidad depende sólo de cómo tú decides vivir y de como piensas tu vida. El cerebro está hecho para detectar lo malo porque es lo que resulta amenazante, y eso le da un volumen muy alto a lo malo. Los teóricos dicen “Lo malo te grita, lo bueno te susurra al oído y uno tiene que estar alerta para escucharlo”.
Para ser feliz el cerebro tiene que haber repetido muchas experiencias donde percibe que hay emociones positivas, y para repetirlas tú las tienes que recordar. Es ahí donde entra la importancia de agradecer.
Hay estudiosos como Robert Emmons que ahondan mucho en el agradecer. Cuando tu agradeces que te ha pasado algo bueno, tu levantas en tu cerebro esa sensación, tu cerebro recuerda ese momento, y lo vuelve a registrar. Entonces si todos los días te hicieras el hábito de agradecer por las cosas buenas que te han pasado, tu cerebro estará aprendiendo a registrar y a tener memoria respecto a esas cosas buenas.
La felicidad se compone por distintos pilares. Hay pilares que son momentáneos como el de las emociones que transitan cíclicamente, y hay otras cosas que se mantienen más estables y son más a largo plazo: Cómo te sientes, cuán alegre u optimista te sentiste durante una semana, cómo son tus relaciones interpersonales, qué sentido le encuentras a tu vida, el cumplir con tus metas personales, si tu trabajo lo haces bien y te gusta, los hobbies, etc.
¿Cuál es la “receta” para ser felices?.
La felicidad de las personas son sus propios pensamientos.
Nosotros pensamos en muchas cosas catastróficas porque nuestro cerebro tiende a detectar las amenazas. Tenemos miles de pensamientos negativos, y si uno pudiera controlar eso estaría mucho más cerca de ser feliz. Una de las técnicas más recomendadas por los expertos es el Mindfulness, o el tomar conciencia (atención plena) cuando te está pasando algo bueno. Si tuvieras conciencia durante tu día, te pasan más cosas buenas que malas. Pero se te quedan grabadas más las malas por la forma en que funciona nuestra mente y nuestro cerebro. “Qué te dices de las cosas que te pasan”, ese diálogo interno es el que hace que todo tu cuerpo esté estresado, y el cerebro no distingue si estás pensando o está ocurriendo el peligro.
Si es que tu estás pensando que estás en peligro, el cerebro y tu cuerpo piensan que te está pasando. Por eso hay tanto estrés, tanta depresión, porque tiene que ver con como tú te piensas tu vida.
Además, el contexto en el que vivimos no nos ayuda mucho porque nos alerta todo el tiempo. Los desconocidos y las calles son peligrosos, están pasando cosas malas y la gente se empieza a encerrar y empieza a advertir amenazas donde no siempre hay, además de lo bueno que somos para hablar de las cosas malas.
Tenemos mucho vocabulario relacionado a las emociones negativas, no así a las positivas y no hablamos mucho de ellas. Lo malo nos roba nuestra agenda, por lo que recomendaría instalar en su casa “hábitos de lo bueno que les ocurrió”: De lo bueno que vieron, de lo bueno que aprendieron, etc. Uno tiene que hablar de las cosas positivas, porque cuando uno verbaliza las cosas positivas, el cerebro empieza a sentirse mejor.
Estamos masivamente innundados de información y de las cosas malas que nos ocurren,  y nos hemos olvidado que las cosas negativas están incluidas en la vida. No solo la alegría.
Estamos en una sociedad muy competitiva y muy individualista, porque cuando lloramos lo hacemos solos, y no hay nada mejor que llorar acompañado y hablar de lo que nos pasa. Cuando verbalizamos lo que sentimos, y la otra persona te lo muestra distinto, tu corazón se alivia.
Todos debemos adoptar mecanismos propios que nos hagan bien. Si lo estoy pasando pésimo tengo que tener maneras para pasarlo mejor, pero lo que nos pasa es que nos contagiamos emocionalmente: “esto es el colmo”, “esto es terrible”, “me carga”, entonces reafirmamos el mensaje.
La sociedad y los medios de comunicación tienen mucho que avanzar en este tema, porque siempre se está comunicando y destacando lo malo. Por ejemplo en el colegio, en el trabajo o en la casa se suelen destacar las debilidades y no las fortalezas. La sociedad también ha ido canalizando que el éxito es bien estrecho y para un segmento muy específico: Personas que estudian ciertas cosas, que trabajan en ciertos lugares, que viven en ciertos lugares, etc. Pero el éxito es más amplio porque en esa estrechez caben pocos, y todos los demás sienten que no estamos ahí. Eso genera dolor.
Uno como persona construye mucho más a partir de sus fortalezas que de sus debilidades. Las debilidades son ausencia o poca presencia de algo y el destacar las cosas buenas hace que el cerebro inmediatamente se amplíe y contribuya a que esa persona lo haga mejor.
Es posible mejorar las debilidades a través de las fortalezas. Porque uno queda muy desamparado cuando te hablan de tus debilidades. Uno dice “yo no lo se hacer mejor” y es uno le pasa a un montón de gente. Desde lo bueno tenemos que construir o arreglar lo que está más carenciado.